Saltar al contenido

Carta a un héroe caído

Carta a un héroe caído

El refrán popular dice: “no se sabe lo que se tiene hasta que se pierde”. Desafortunadamente, el tiempo y los hechos lo comprueban. En especial, cuando estamos parados frente a la tumba de nuestros abuelos, el día de su entierro. Muchas palabras quisieran decirse, las mismas que ya no se podrán escuchar. Podemos llorar en cantidades industriales, pero de nada servirá, porque ese ser que fue nuestro segundo padre (y en ocasiones, el primero) ya no puede escucharnos, regañarnos, enseñarnos, acompañarnos, o cualquiera de las cosas que solía hacer en vida a nuestro lado.

Pixabay.com
Pixabay.com

Su edad avanzada, su falta de velocidad y poco acoplamiento a los avances del mundo moderno hicieron que quisiéramos mantenerlos al margen de nuestras vidas porque “no vivían a nuestro ritmo” y eso de tener que lidiar con sus achaques de persona mayor, o el hecho de cargar con ellos a cuanta consulta médica se necesitara para ver si mejoraba un poco su salud, dejó de ser nuestro trabajo y pasó a convertirse en una carga.

Hoy, nada de eso importa. Parece tan insignificante al lado del enorme agujero que está a punto de devorárselo y separarlo de nosotros para siempre. Supongo, que es el momento de las culpas, porque el llamado de conciencia que se repetía una y otra vez en nuestra cabeza cuando nos recordaba que debimos visitarle o tomar el teléfono para preguntarle cómo estaba mientras íbamos de camino a una fiesta con los amigos, ahora es más fuerte y trata de hacerle competencia a nuestro llanto.

¿Qué le diríamos si pudiera escucharnos una vez más? ¿Perdón? ¿Te extraño? ¿No te vayas? La respuesta dependerá de cuán cerca estuvimos o no mientras vivía, de cuánta importancia le dimos, del cariño no fingido que le demostramos al visitarle.

Los abuelos no tienen la culpa de ser viejos, de perder juventud aunque no el talento, de ser más lentos aunque no menos inteligentes, de enfermarse sin desearlo porque se contagiaron de algo o sencillamente desarrollaron lo que primero le heredaron. Los abuelos quieren vivir, quieren reír, quieren gozar, y eso es porque son personas como tú y yo que sienten y padecen, que como nosotros fueron jóvenes, tuvieron sueños y pelearon por ellos. A veces ganaron, a veces perdieron y con todo, llegaron más lejos de lo que tú y yo hemos vivido. Llegaron lo bastante lejos para ver que existimos, que nacimos, que vivimos.

Pixabay.com
Pixabay.com

Abuelito, hoy eres mi héroe caído…, quién sabe si mis nietos mañana me harán lo mismo…



1 estrella2 estrellas3 estrellas4 estrellas5 estrellas (Ninguna valoración todavía)
Cargando…